.: Estética y unción de la música

Toda música está basada en principios estéticos, pero la música religiosa, además está fundamentada principalmente en la unción de los cantores y de los que ejecutan los instrumentos. Ambos elementos deber ir estrechamente unidos, sin separarlos, pues se trata en último término de la alabanza del hombre integral que debe llegar del corazón del que canta al corazón de Dios.

La estética de la música sacra supone, como toda música: armonía contra toda desarmonía; equilibrio contra todo desequilibrio; inspiración contra toda superficialidad, y expresión; en nuestro caso la expresión religiosa auténtica.

CONTRA TODA DESARMONÍA

No puede sobresalir un instrumento sobre otro pues anula la participación de los otros. La estridencia por su propia naturaleza, pues no es otra cosa que "ruido molesto"; quiebra la armonía del conjunto. Es algo así como la prepotencia del sonido que no sabe que está en función de otros sonidos y en favor del canto. Lo podríamos llamar "egoísmo sonoro": el que quiere sobresalir de cualquier manera sin pensar en el conjunto y en la armonía.

EQUILIBRIO CONTRA TODO DESEQUILIBRIO

Es importante el equilibrio que debe existir entre los instrumentos, los cantores y la asamblea que canta. La música instrumental es el apoyo del canto y jamás debe taparlo. Cualquier desequilibrio en este aspecto distrae la atención de la asamblea y va contra la unción necesaria del canto de toda la comunidad. De este modo se resiente la misma alabanza que debe ser fluida, nacida del corazón del que alaba, sin interferencias de otra índole. El mismo sonido general del coro en su conjunto es un factor que puede ser tanto de equilibrio como de desequilibrio y requiere un conocimiento técnico de la acústica y del nivel sonoro para que no sea agresivo a los oídos, con lo cual más que ayudar al canto lo desvirtúa, incluso en su sentido estético.

INSPIRACIÓN

Esta depende totalmente de la docilidad al Espíritu de dejarse guiar por él. Puesto que la música sagrada es oración fuerte, el mismo Espíritu acude a nuestra torpeza para orar (para cantar también) y nos ayuda a hacer las cosas como deben ser hechas. Es notable, pero la falta de Espíritu en un coro se nota intuitivamente y resulta desagradable en extremo, pues no estaría cumpliendo con su objetivo principal. La música movida por la inspiración del Espíritu, cumple la función del mismo Espíritu, es decir, hacernos vivir más profundamente las verdades reveladas. Esto implica, al mismo tiempo, el respeto que deben sentir los músicos por lograr esta inspiración.

EXPRESION RELIGIOSA

La suma de todos estos elementos que estamos viendo contribuyen directamente a lograr la expresión religiosa del canto, cuyas características son: alegría o tristeza según los cantos, paz, amor, unción, comunicación profunda con Dios, vivencia más fuerte y más allá de lo rutinario de las verdades que se están cantando y obviamente ayudan al aumento de la fe, esperanza y caridad, con lo cual la asamblea edifica, pues el carisma del canto, de los cantores, de los instrumentistas, de la asamblea en general, como todo carisma, edifica la Iglesia.

INSTRUMENTACION

El Salmo 150 nos dice: «Alábenle con el fragor del cuerno, alábenle con arpa y con cítara, alábenle con tamboril y danza, alábenle con laúd y flauta, alábenle con címbalos sonoros, alábenle con címbalos de aclamación. ¡Todo cuánto respira alabe al Señor! ¡Aleluya!». Conclusión: todo instrumento que es apto para alabar al Señor y, mientras se lo haga apto para ello, puede ser usado. Si algún instrumento es causa de escándalo por su mal uso, no debe extrañar al coro que llegue la prohibición de usarlo, por parte de la autoridad constitutiva (párroco, coordinador, jefe del ministerio).

El mejor coro siempre será aquel que pasando casi desapercibido cumple plenamente con los objetivos propios de la música sagrada, como lo hemos visto. Cuando el pueblo expresa, gracias al coro, las alegrías y tristezas de la fe, en el momento adecuado, llega así a la esencia del culto y de la alabanza a Dios.

EL ANIMADOR

Su función es doble: en su relación con el grupo del ministerio de música y en relación con la asamblea, por esto mismo es un factor clave de unidad y de la armonía del todo. Su vivencia debe ser transmitida a la asamblea como quien se pone al lado de cada uno para dar el paso inicial de la alabanza, con lo cual cumple su función. Luego cada uno, en la asamblea, sigue su propio camino de alabanza y de unión con Dios. Esta armonía con el grupo y la asamblea es el fruto visible de la oración carismática que vive el ministerio de música. El animador necesariamente debe estar guiado por el Espíritu y ser obediente a su inspiración y mociones. Para ello ayuda conocer un amplio repertorio de canciones, pues el Espíritu no dejará de indicarle el canto más apropiado para cada circunstancia. Así como el Espíritu pone palabras en nuestra boca para evangelizar y proclamar el evangelio, del mismo modo pone el canto en labios del animador para proclamar y hacer vivir la Palabra de Dios. Llevar anotados de antemano lo que se va a cantar, aunque es prudencia humana no es prudencia divina, pues estaríamos dudando de la guía concreta del Espíritu en lo que estamos haciendo. Nos privaríamos así mismo de experimentar concretamente el poder de Dios y ejercitar la fe en este poder.

NIVEL SONORO

No deja de ser importante este aspecto que puede derivar en los extremos de estridencia o del poco sonido. Esto debe ser manejado por un técnico que pueda logra el equilibrio entre la clase de equipos, distribución de parlantes y manejo de amplificadores. No pocas dificultades surgen por no tener en cuenta esta realidad que casi siempre recaen en malas interpretaciones de lo que pretende el ministerio de música. Estas cosas no pueden estar en manos de personas que lo hacen con buena voluntad pero sin conocimientos apropiados.

El coro necesita o por lo menos le resulta muy útil el retorno de lo que canta para adecuarse a las circunstancias cambiantes.

Muchas veces, en la práctica no se dan todos estos elementos, pues a veces no se encuentra a un técnico o no se tienen los equipos necesarios. Entonces se ha de apelar a la buena voluntad de alguna persona. Lo decimos por aquellos que cuando surgen problemas de sonido le achacan al coro lo que es trabajo de un técnico. La buena voluntad de todos ayuda a saber disculpar estas fallas.

CONCLUSION

El culto litúrgico o para litúrgico debe ser una verdadera fiesta de alabanza y adoración a nuestro Dios para lo cual concurren los ministerios de música, el sacerdote, los fieles, los técnicos y diversos ayudantes como los hostiarios, que reciben ya a los fieles desde su entrada a la asamblea o al templo, dándoles la bienvenida y deseándoles las bendiciones de Dios. También los que hacen oración de intercesión por la asamblea. Un fiel, cualquiera que éste sea, debe salir del templo o de la asamblea con su corazón lleno de Dios, lleno de Espíritu, transformado un poco más, con aumento de fe, esperanza y caridad, distinto a como ha entrado, porque ha sido renovado una vez más para la gloria de Dios y edificación de su Iglesia.

© El Cancionero Parroquial- Extraído de la revista «RESURRECCION»