Dios
te salve, María, llena eres de gracia; el Señor
es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa
María, Madre de Dios; ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hroa de nuestra muerte. Amén. |
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| ¡Que
dicha la hora de tu amor!
La flor de tu sonrisa es un ascua en mi alma
y tu belleza serpentea en mis ojos
como dominando mi alma y mi espíritu.
¿De
donde me llamaste? Madre mía,
amor de mis entrañas que reverdecen en tu rezo.
¿De donde vino tu voz? Madre mía,
sonido que me arrulla a cada momento.
Si
pudiera decirte tanto amor
no alcanzaría más que el vaso de tu Hijo,
pero soy miseria y corrupción
que desgasta en palabras tu alabanza.
Y
lo pasas todo a discreción,
escondes mis pecados en tu corazón de niña y madre.
Bendita ilusión la terquedad de este silencio
que me abre tu corazón para entrar en él.
¿Como
podría decirte, Gospa, amada,
lo que siento desde dentro?
si es un manantial de rosas y jazmines,
palabras, luces, sonidos que no tienen fin,
¿como podría callar lo que siento?
Este
laberinto de mi alma que no entiendo,
despierta vientos, mareas, soles perfectos.
Veo tu figura, tu ejemplo,
la divina vastedad de tu amor,
y me quedo allí, en tu paz, en tu gozo,
al fin, en tu Hijo que me muestras,
la cepa dorada de tu seno,
y me pierdo, y me pierdo.
Martes,
22 de Agosto de 2000
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